La tecnología dejó de ser un área de soporte para convertirse en uno de los principales motores de crecimiento empresarial. El informe “McKinsey Global Tech Agenda 2026” lo confirma. A partir de una encuesta global, analiza cómo las compañías líderes están redefiniendo su estrategia a partir de la inteligencia artificial, los datos y la transformación digital integral.
Sin embargo, estos insights responden a una mirada global. Y eso abre una pregunta clave: ¿qué tan alineada está esta agenda con lo que realmente sucede hoy en las grandes empresas dentro de Argentina?
Porque mientras el informe muestra CIOs cada vez más estratégicos, IA como prioridad de inversión y una fuerte apuesta tecnológica, la realidad en muchas organizaciones que operan a nivel nacional, todavía presenta brechas entre intención y ejecución.
En este contexto, desde ENTA tomamos los principales hallazgos del informe y los contrastamos con la mirada de Elbio Lopez, CTO de ENTA, para bajar estas tendencias a la situación actual argentina y entender qué está pasando hoy en las empresas: dónde hay avances, dónde hay fricciones y qué diferencia a las empresas que logran transformar la tecnología en resultados concretos.
“El CIO deja de ser soporte y pasa a definir la estrategia”
Uno de los principales hallazgos de McKinsey concluye que las empresas que más crecen son aquellas donde el CIO participa activamente en la definición de la estrategia del negocio.
El informe lo respalda con un dato concreto: cada vez más organizaciones están integrando a sus líderes tecnológicos en la planificación estratégica corporativa. Según los resultados de la encuesta realizada, los equipos de negocio y TI colaboran activamente en la creación de planes estratégicos a lo largo del año, casi el doble que en la medición anterior.
Este dato marca una tendencia a nivel global: la tecnología deja de ser un área de ejecución para convertirse en un actor clave en la toma de decisones.
McKinsey & Company
La realidad local: la brecha entre estrategia y ejecución
Cuando bajamos este análisis al contexto de muchas empresas en Argentina, aparece una tensión: si bien la tecnología gana cada vez más peso (en presupuesto, responsabilidad y criticidad), eso no siempre se traduce en mayor influencia en la toma de decisiones.
Elbio refuerza esta idea:
“Estoy de acuerdo en que TI ya no puede ser vista como un área de soporte. Tiene que estar en la mesa donde se define el rumbo del negocio, porque su impacto es directo y atraviesa variables centrales como el crecimiento, la competitividad, la eficiencia y la experiencia del cliente. Es en este punto donde empiezan a aparecer oportunidades concretas vinculadas al uso estratégico de datos, la automatización de procesos, la inteligencia artificial, la escalabilidad y el desarrollo de nuevos modelos de servicio.”
Sin embargo, esta no es todavía la realidad predominante en Argentina. “En muchas compañías, el CIO sigue siendo convocado para ejecutar decisiones ya tomadas, en lugar de participar en su definición”, señala Elbio.
Esta diferencia impacta directamente en los resultados de negocio.
Como resume Elbio, “la diferencia es contundente: una organización con un CIO estratégico prioriza mejor, reduce el retrabajo y acelera su llegada al mercado”, convirtiendo el stack tecnológico en una palanca de crecimiento. Por el contrario, cuando el área de IT queda relegada a soporte, su impacto es limitado. En definitiva, “si el CIO está en la mesa, la tecnología empuja el negocio hacia adelante; si queda relegada, apenas alcanza para que el negocio no se detenga.”
Este escenario expone lo que hoy se conoce como “la paradoja del CIO moderno”: a pesar de contar con más presupuesto, mayor responsabilidad y una creciente dependencia del negocio, muchos líderes siguen atrapados en un rol operativo, enfocado en la gestión, la continuidad y la resolución de incidentes, sin lograr consolidarse como actores estratégicos.
Salir de esa lógica implica un cambio de enfoque: dejar de gestionar para empezar a liderar desde la tecnología. El CIO que logra romper esta paradoja es aquel que entiende el negocio, prioriza en función de impacto y trabaja de forma integrada con otras áreas para transformar las capacidades digitales en valor. Porque, en definitiva, el verdadero diferencial no está en cuánto se invierte, sino en quién define cómo ese stack tecnológico impulsa el crecimiento.
Más inversión tecnológica: el diferencial entre crecer o quedar atrás
Otro de los hallazgos más contundentes del informe de McKinsey está vinculado al nivel de inversión tecnológica. Las empresas líderes están invirtiendo más y lo hacen de forma mucho más agresiva.
Según el informe, el 28% de las empresas con mejor performance planea aumentar su presupuesto tecnológico en más de un 10% en 2026, frente a solo el 3% del resto de las organizaciones. Esta diferencia no es menor: refleja un nuevo escenario donde la tecnología (y especialmente la inteligencia artificial) se convierte en un factor determinante de crecimiento.
En particular, estas inversiones están orientadas a escalar capacidades avanzadas, como sistemas de IA con mayor autonomía, capaces de planificar, decidir y ejecutar acciones dentro de los procesos de negocio.
McKinsey & Company
Sin embargo, al igual que sucede con el rol del CIO, “el desafío no pasa únicamente por invertir más, sino en el sentido de la inversión”, explica Elbio.
Sucede que aumentar el presupuesto tecnológico implica sostener una operación cada vez más compleja: más licencias, más infraestructura, más mantenimiento. Si bien es necesario, esto no siempre se traduce en una transformación real del negocio.
En cambio, la inversión estratégica en tecnología tiene otro objetivo: generar impacto concreto. La clave está en vincular cada decisión tecnológica con un resultado medible. “Si la conversación termina en que ‘el sistema funciona’, probablemente hablamos de ejecución. Pero si permitió vender mejor o tomar mejores decisiones, estamos hablando de creación de valor”, agrega Elbio.
En definitiva, el punto clave no es cuánto se invierte, sino qué resultado de negocio se busca transformar con esa inversión.
El rol del partner tecnológico: de la intención a la ejecución
En este contexto de mayor inversión y complejidad, aparece un factor crítico: la capacidad de ejecución.
“Un partner especializado es fundamental para evitar que la inversión se transforme en dispersión o en proyectos que no escalan”, señala Elbio.
Más allá de sumar capacidad operativa, el valor está en aportar experiencia, arquitectura y una visión integral que permita transformar la inversión en una hoja de ruta clara y orientada a resultados.
Desde esta mirada, el rol de ENTA se posiciona como un socio estratégico: acompañar a cerrar la brecha entre inversión y valor, asegurando que la tecnología no quede en intención, sino que se traduzca en valor y capacidades reales para crecer, competir y evolucionar.
Lo que sigue: IA y el verdadero desafío de escalar
Los hallazgos analizados hasta acá dejan en evidencia un punto clave: el rol del CIO y la forma en que se invierte en capacidades digitales son determinantes para el crecimiento. Sin embargo, hay un eje que atraviesa toda esta transformación y que empieza a consolidarse como la principal prioridad en las organizaciones: la inteligencia artificial.
No se trata solo de adoptar IA, sino de entender cómo llevarla a escala, integrarla en los procesos y convertirla en una capacidad real de negocio.
En la Parte 2 de este análisis profundizaremos el análisis sobre este punto, abordando los principales hallazgos de McKinsey sobre IA y la mirada de Elbio Lopez sobre qué diferencia a las empresas que logran dejar atrás pilotos para transformar la inteligencia artificial en resultados concretos.